El centro histórico de Palermo, con sus 240 hectáreas es uno de los más extensos de Europa, pero también uno de los más ricos y más variados, conteniendo más de 500 entre palacios, iglesias, conventos, monasterios y siete teatros en un contexto urbano que se ha desarrollado a partir de la época de la colonización fenicia, atravesando la época griega, romana, bizantina, árabe, normanda, sueba, francesa, aragonesa, española, hasta las obras urbanísticas del siglo XIX y de la primera mitad de siglo XX.
Un contexto urbano por lo tanto muy variado y complejo, que sin embargo ha mantenido en su línea principal, un núcleo substancialmente homogéneo que se observa claramente.
Tradicionalmente dividido en cuatro barrios (mandamenti) el centro histórico de Palermo tiene su centro en la octagonal piazza Vigliena (en castellano Villena título del virrey que la promocionó, marqués de Villena) (o Cuatro Cantones de Ciudad), centro geométrico y simbólico de la ciudad, creada en 1600 con el corte de la via Maqueda en el cruce con el antiguo Cassaro (hoy corso Vittorio Emanuele).
Inmediatamente después se abre el llano de la Catedral (dedicada a María SS de la Asunción) cuya majestuosa y escenográfica fachada, con un extenso llano en la parte mediana, se abre al Cassaro. Edificada en época normanda en el lugar donde se veía en época paleo-cristiana un santuario, luego una basílica cristiana y por fin una mezquita, tuvo varias transformaciones durante los siglos XV y XVI, cuando se realizó, entre otras cosas, el esplendido pórtico meridional gótico-catalán (1453) y posteriormente en el siglo XVIII, cuando se añadió la cúpula. El enorme espacio interior, hoy de estilo neoclásico, guarda el sarcófago de Federico II y los de Ruggero, de Arrigo VI y de Costanza de Altavilla, además de numerosísimas obras de arte, entre ellas la urna de plata conteniendo las reliquias de S. Rosalia, patrona de Palermo.